
En el marco del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, que se conmemora el 29 de septiembre, se hace un llamado a evitar que alimentos en buenas condiciones terminen en la basura.
Bogotá D.C. 27 de septiembre de 2026. Cada año, se estima que en Bogotá se pierden o desperdician alrededor de 1,2 millones de toneladas de alimentos y en Colombia, cerca de 9,76 millones de toneladas de la oferta disponible para el consumo humano. Ante este panorama, en el marco de la Política Pública de Seguridad Alimentaria y Nutricional, el Distrito impulsa acciones de educación, sensibilización, acompañamiento y articulación en los diferentes entornos.
Como parte de la respuesta distrital para prevenir y reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos, los Gestores de Bienestar han realizado cerca de 7.149 visitas a familias donde se orientan acciones para la reducción de pérdidas y desperdicios de alimentos. Se realizan orientaciones pedagógicas relacionadas con el consumo responsable, la planeación de compras, el almacenamiento y conservación adecuada de los alimentos, el aprovechamiento de preparaciones y la prevención de su deterioro.
De manera complementaria, la Secretaría Distrital de Salud acompaña iniciativas comunitarias relacionadas con alimentación, ambiente, huertas y aprovechamiento de residuos orgánicos. Así mismo, lidera acciones de inspección, vigilancia y control sanitario en establecimientos que almacenan, preparan, distribuyen y comercializan alimentos, con el propósito de identificar y controlar productos alterados, vencidos, mal almacenados o que incumplen las condiciones sanitarias.
El desperdicio puede evitarse desde la compra
Prevenir el desperdicio de alimentos comienza antes de llegar al supermercado o a la tienda. Organizar la nevera y la despensa, revisar qué alimentos tenemos disponibles, planear las compras y adquirir únicamente las cantidades que realmente vamos a consumir permite reducir el deterioro y aprovechar mejor los alimentos.
Aprovechar los alimentos que ya tenemos en casa también puede contribuir a una alimentación más variada. Antes de realizar nuevas compras, es útil identificar los productos disponibles y planear preparaciones que incorporen frutas, verduras, leguminosas, cereales y otros alimentos, favoreciendo su consumo oportuno y evitando que se deterioren o se terminen desperdiciando.
Conservar bien también es prevenir
La conservación adecuada permite prolongar la vida útil de los alimentos de manera segura. Refrigerar o congelar según corresponda, utilizar recipientes adecuados, proteger los alimentos de plagas y contaminantes, utilizar agua potable y evitar la contaminación cruzada son prácticas que contribuyen a prevenir el deterioro.
En los hogares también se recomienda servir cantidades que puedan consumirse. En restaurantes y otros lugares donde se almacenan, preparan, distribuyen y comercializan alimentos, las buenas condiciones de almacenamiento, conservación, preparación y manejo seguro contribuyen a prevenir el deterioro y proteger la salud.
La prevención del desperdicio debe ir siempre de la mano con la seguridad de los alimentos. Por ello, es fundamental verificar su fecha de vencimiento, condiciones de almacenamiento, apariencia, olor y estado general antes de consumirlos. Cuando existan signos de alteración o contaminación, el alimento debe desecharse para proteger la salud.
Cuando el residuo ya existe, también puede aprovecharse
La primera opción siempre es prevenir. Pero después de preparar o consumir alimentos se generan residuos orgánicos que ya no son aptos para el consumo humano. En estos casos, su aprovechamiento adecuado puede evitar que lleguen directamente a disposición final.
En Bogotá existen experiencias como las pacas biodigestoras, que permiten transformar residuos orgánicos junto con material vegetal seco y reincorporar posteriormente materia orgánica al suelo. Estas iniciativas también se articulan con huertas, agricultura urbana y recuperación de suelos.
La prioridad es clara: primero prevenir; después aprovechar los alimentos que todavía son aptos para el consumo y, finalmente, gestionar adecuadamente los residuos orgánicos inevitables.
El mejor residuo es el que no se genera. Bogotá promueve acciones para reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos y fortalecer prácticas que permitan que los alimentos cumplan su propósito: alimentar.

